lunes, 18 de septiembre de 2017

Hoy, estando a las puertas de un instituto de nuestra localidad, para acompañar la hija de mi pareja en su primer día de clase, se entabló una conversación acerca de la forma de vestir de algunas niñas hoy en día. Algo que quizás en otros momentos pasaría desapercibido, pero que hoy, al ver tantas vestidas casi igual, pues llamó poderosamente la atención y suscitó comentarios. Y hablo de la moda de los short´s esos, muchos tan cortos, que en ocasiones dejan ver medio trasero. Y eso, a mí personalmente me parece ya indecente y anti estético, por no hablar de ámbitos higiénicos y de la salud.
            Se me ocurrió hacer un comentario en el Facebook, en una página de comentarios sobre San Pedro, nuestra localidad. Un comentario expresando precisamente esa percepción mía de que no estaba muy bien eso. Nada del otro mundo, pero expresado con claridad, haciendo además referencia a la relación que tiene la forma de vestir con ciertos problemas de acoso.
            Y ese comentario, nada más publicarse, suscitó una verdadera tormenta mediática, con cientos de comentarios que se han ido produciendo durante todo el día. La mayoría de comentarios eran de mujeres y con connotaciones de insulto. Me han llamado de todo, incluso de pedófilo, pederasta, pervertido, mirón, salido, masón, facha, inculto, machista y otras lindeces, indicando que “qué hacía yo ahí, en la puerta del colegio mirando el culo a las chicas”, o, ”que me tenía que sacar los ojos si no me gustaba”, o enviarme a Marruecos... (algunos entrarían en un delito penal, por injurias).
Obviamente es inútil responder con coherencia y la razón a todas estas personas que me atacaron, porque no querían escuchar en absoluto. Nadie atendía a razones del porqué escribía y pensaba eso. Seguían y seguían con sus comentarios e insultos hacia mi persona, como si me conocieran mejor que mi madre. Aunque he de señalar que también hubo mucha gente que estaba de acuerdo con mis apreciaciones. Aun queda gente coherente…
Y es que en estos medios, el volcar toda la frustración, rabia e ira, es sumamente fácil, porque se esconden tras una pantalla. Todo es entonces interpretado a la idea preconcebida que cada uno tiene. No interesa escuchar ni mucho menos leer el post entero y atender las posibles explicaciones. Ya hay que ir a por mí, con los argumentos que sea, aunque sean hipócritas, incoherentes y falsos. Por mucho que trataba de exponer mi argumento, se seguía hablando y escribiendo una y otra vez lo mismo. Insultar es fácil y sale barato.
El caso es que no se comprende en absoluto el tema este de la vestimenta, igual que no se comprende lo de los teléfonos móviles y otras dependencias socialmente aceptadas y etiquetadas como modas. Háblese de los pantalones cagaos, las gorras al revés, las mochilas colgando de la espalda, o las patinetas. Y esto en el ámbito del colegio.
No se entiende lo que hay de verdad detrás de todo eso, y en el caso de la ropa, quizás aun más. La ropa es un indicio de la personalidad de cada individuo, de sus preferencias y siempre dice algo, a veces muy inconscientemente. Y ahí precisamente radica el problema, que estas actitudes pueden derivar en el desarrollo de otras por parte de gente – chicos y chicas- inadaptados y con problemas de comunicación, que fomentan precisamente el acoso. Es como un elemento que dispara y alienta a ciertos individuos a entrar en la dinámica del acoso. Sirve para que algunos de éstos, se crea con el derecho a acosar y lo crea justificable.
Pero, ¿Qué pretende una chica con 14 años, con un pantaloncito tan corto que se le ve medio cachete, por no mencionar otras partes, un top, sin sujetador, con los labios pintados y maquillada entrando así en un Instituto? ¿Acaso pretende que no la miren? Que lo hagan es lo más normal del mundo, aunque no por ello significa que da derecho a insultarla o acosarla. Pero que no se queje de que la miran, de que le digan cosas, porque eso, señores, está causado precisamente por su actitud y su manera de vestir. Tan viejo como la humanidad. Tan antiguo como andar hacia delante. Nadie va a cambiar eso, porque tengo la certeza de que no se avanza precisamente porque hay demasiadas feministas – que es la versión femenina del machista – que ponen el grito en el cielo por cualquier cosa en aras de una pretendida liberación de la mujer. No entienden de la naturaleza humana. No comprenden que se puede admirar la belleza de una mujer porque sí, porque es intrínsecamente hermoso, igual que admiraría una flor. Y se puede expresar, con educación y buenas maneras. ¿No es eso precisamente lo que luego les gusta a las mujeres? ¿Quién puede argumentar que yo me gire para mirar a una mujer, tildándome de machista?
No seamos tremendamente hipócritas. Que hemos llegado a denostar el piropo, que siempre fue una manera de expresión popular, como si fuera un insulto a las mujeres. Cualquiera se le ocurre decirle a una mujer o chica que es guapa o es elegante. ¡Te puede caer la del pulpo si es una feminista!
¿Hay que ir tapada hasta las cejas? Pues evidentemente que no, pero entender que cada lugar tiene su manera de estar, a veces por pura lógica y comodidad, no es pedir mucho. Un colegio no creo que sea el lugar adecuado para ir vestida así. Y si no se permiten llevar gorras, ¿Porqué esto sí? Porque, ¿Qué pensaría una persona, de las que me ha insultado vehementemente, si va al médico y resulta que éste le atiende en pantalón corto y con el torso desnudo, argumentando que hace calor? ¿O si fuera una doctora, y la atendiera en unos shorts de esos, igual que van sus hijas? O bien, ¿Entrarían en las calles de un barrio marginal, cargadas de joyas, cadenas y anillos? Total, si están ejerciendo su libertad para vestir como cada cual le dé la gana… ¿No es ése el argumento esgrimido por estas personas?
Pero si está claro que cada lugar y momento tiene sus maneras, ¿Por qué tanta agresividad hacia mis comentarios?
Está claro que en esto de las redes sociales, te pueden despellejar vivo si caes en desgracia por un artículo o comentario. Y se pide respeto por las opiniones ajenas, insultando a quien piensa precisamente distinto. Eso se llama hipocresía e ignorancia suprema. Una ignorancia muy extendida y que encima se pretende justificar con argumentos absurdos surgido del orgullo insano y del ego.

Personas así son muy peligrosas en las redes sociales; Más que un mono con una pistola…

lunes, 30 de enero de 2017

      Hemos iniciado el año nuevo chino con un notable éxito de actividades en nuestra escuela. Eventos que han sido notorios en los medios de comunicación como CanalSur, TVE1 y T5, y por los que nos han llegado felicitaciones.

       Realizamos el día 5 de enero una pasacalles en la cabalgata de reyes de la localidad granadina de La Herradura, que fue muy aplaudida por el público. Fue la prueba inicial para comenzar el rodaje del Dragón de Jorge, con un equipo inicial inexperto, pero entusiasta. Acabamos la jornada con una deliciosa cena en el restaurante Golden Sun de la localidad.

         El siguiente evento tuvo lugar el día 27, en Granada, con un día frío y lluvioso, pero que aún así, no nos asustó y sacamos el Dragón en un pasacalles muy animado por las calles de la ciudad, empapándonos de agua, pero muy animados. Los medios de comunicación se hicieron eco de la noticia de la actividad, organizada por el Instituto Confucio de la ciudad. La danza del león se deslució un poco al tener que hacerla dentro de una sala del Instituto, con altura insuficiente del techo. Luego nos invitaron a un almuerzo muy especial en un restaurante del centro (Restaurante chino "Shanghai"), donde se servía comida típica china (pero de verdad).

        Señalar que el equipo tuvo la ocasión de poder visitar la fabulosa biblioteca antigua del Hospital Real, un lugar que, a mí personalmente me recordó mi época de infancia, rodeado siempre de libros.

        El Sábado, 28 de Enero, era el año nuevo chino, y como cada año, lo celebramos con una cena de gala en el restaurante chino "Nuevo Siglo" de nuestra localidad. una treintena de alumnos y amigos, disfrutaron de la estupenda y abundante comida china. al terminar, tiramos varias tracas y baterías de fuegos artificiales que hicieron las delicias de los más pequeños (y los mayores también, seguro).

       El Domingo, 29 de Enero era el día grande de la escuela, pues estaba previsto el pasacalles  con el Dragón, los personajes y el León por la pasarela del Bulevar de San Pedro. Era el marco idóneo, bajo un día precioso. Realizamos el recorrido completo, acompañado de un público entusiasmado y sorprendido por el espectáculo. Finalizamos en el anfiteatro del bulevar, lleno de un público expectante, donde realizamos diversas exhibiciones de Kung-fu Shaolin, Qi-Gong y las danzas del Dragón y los leones. Espectacular fue la narración y actuación del León, que encantó a todos. Buena ambientación y mucha alegría. No faltaron la traca final y los buenos deseos de año nuevo chino.

       Nos acompañaron el grupo de baile de la profesora Janet González, a la que agradecemos su colaboración. Fué una mezcla de culturas china y española.

      Nuestro agradecimiento a las autoridades municipales por su colaboración y buena disposición para ayudarnos en el evento, así como a la Policía Local, Policía nacional, Protección Civil y Bomberos. Gracias a todos.

      Y mil gracias, como no a todos los padres de alumnos que han colaborado a formar este equipo de ayuda en los distintos eventos de la escuela.

XIN NIAN KUAI LE. GONG XI FA CAI 















        

lunes, 12 de diciembre de 2016

El tesoro invisible…
El tiempo, ese concepto tan subjetivo, va pasando raudo y veloz por nuestras vidas, a veces sin que nos demos realmente cuenta de su paso. El tiempo, ese puñetero espacio inabarcable, a veces efímero como un chasquido de dedos, y otras que parece eterno, inamovible a los ojos de la impaciencia. Pero inexorablemente va dejando huella por donde pasa, seamos capaces de percibirlas o no.
Un año más, un montón de experiencias más, buenas, malas, regulares y algunas incalificables. Y uno, con el paso del tiempo, va acumulando esas experiencias, fuente de conocimiento a poco que abras tu mente y tu conciencia sea la conductora real de tu vida.
El tiempo te puede hacer más sabio, o simplemente más viejo, sin más. Eso depende solo de ti, de tu capacidad de comprender, de escuchar y de observar. Estas tres cosas que parecen quedaron relegadas para los eruditos y que en nuestra sociedad moderna, llena de parloteo constante e inútil, suenan arcaicas. Una sociedad donde estamos ya habituados a charlar continuamente, en un río de palabras vacías, mal utilizadas y que nadie escucha en realidad.
Aquí, el tiempo dedicado a escuchar, a observar las cosas y las circunstancias, adquiere un valor real. Casi se hace tangible. Y eso es un verdadero tesoro. Porque solo depende de ti como uses el tiempo que tienes, sea poco o mucho. Puedes aprovecharlo o puedes perderlo inútilmente en hacer cosas que no te aportan nada. Puedes perderte en largas conversaciones por sms o whatsup o conversar cara a cara con alguien, mirándole a los ojos, sintiendo las emociones propias y ajenas derivadas de ese contacto. La diferencia es abismal. Los beneficios son infinitos y muchas veces incomprensibles a primera vista.
Puedes también perder tu precioso tiempo jugando a videojuegos, a chatear on-line con otros perdedores de tiempo. Y es posible que incluso estés convencido de que te aporta algo positivo, de que aprendes algo útil, o que simplemente te diviertes. Pero también el tiempo, ese mismo que perdiste en su momento, te enseñará lo equivocado que estabas. Te enseñará cómo te auto-engañabas para justificarte. Como esa ‘mentira’ era fomentada y alentada por la sociedad de consumo para justificar esa pérdida de tiempo. Para incluso ocultar oscuros intereses, que no interesaba que te dieras cuenta de ellos. Pero entonces, ya no te quedará mucho tiempo para rectificar nada. Se te habrá escapado entre los dedos como el agua fresca que ya no puede saciar tu sed.
Somos todos seres que nadamos temporalmente en este río de la vida. Cada instante es crucial, es relevante porque estamos inmersos de lleno en el flujo continuo del tiempo. Cada instante es único e irrepetible. Cada segundo cuenta.

Perder el tiempo, es ese ‘ya lo haré luego’… o aquello de ‘ya habrá tiempo para eso’…

jueves, 24 de noviembre de 2016

guerra perdida...

Que los tiempos están cambiando, no es ninguna novedad. Que lo hacen a cada segundo, tampoco. Pero hay algo que sí que está cambiando, y es nuestra percepción del mismo. Al menos la mía. Y no solo eso está cambiando a un ritmo vertiginoso, sino que nuestra respuesta, tanto emocional como física lo hace también. Y eso, teniendo en cuenta de que nuestros pensamientos son los que conforman de una manera subliminal la realidad en la que vivimos, pues creo que debería preocuparnos un poco. O bastante…
Pero no, parece ser, a tenor de lo que observo día a día, de que nuestras conciencias están tan aletargadas, que no reaccionamos adecuadamente para conducirnos por un camino mejor. No. O eso, o es que aún sabiéndolo, no hacemos nada y nos importa un carajo monumental. No sé si es más de tontos, o inconscientes e ignorantes…
Eso sí, disponemos de una ingente cantidad de información sobre todo, pero cada vez estoy más convencido de que escalamos en una inmensa montaña de basura informativa, pensando que nos sirve de algo. Y la verdad es que solo sirve para tener más información, pero poco más. Nos atiborramos de noticias sobre cualquier tontería que en realidad ni nos afecta ni nos interesa mucho. ¿No es eso el Facebook?... Entretiene, dicen algunos, pero, ¿Sirve de algo ese entretenimiento vacío? ¿Nos aporta realmente algo que pueda cambiar nuestras vidas y ser un poco más felices? ¿Entendemos mínimamente el porqué gastamos tanto tiempo en esos espacios ilusorios? ¿Y nos llega a preocupar realmente?
Damos por válidas nuevas formas de comunicación, nuevas maneras de expresarse, donde todo vale, sin tener en cuenta las consecuencias, que siempre las hay. Sin tener en cuenta de cómo eso puede modificar nuestra percepción de la realidad hasta niveles insospechados. Perdón, quise decir inconscientes.
Las emociones, verdaderos vehículos primarios de nuestra comunicación en todos los sentidos, se ven relegadas en un escueto plano secundario. Y a veces ni eso. Y entonces ocurren las percepciones de comunicación erróneas, las malas interpretaciones de lo que vemos y oímos, porque no hay una emoción a la que hacer frente, con la que interrelacionarse de manera directa y clara. Nuestras propias respuestas emocionales se ven condicionadas por la percepción –muchas veces errónea- de esa comunicación. Y cuando no tenemos enfrente un interlocutor real, que reacciona emocionalmente ante nosotros, no podemos saber si nuestras acepciones son realmente bien entendidas.
Luego nos quejamos continuamente de que “algo” no va bien en la sociedad, pero seguimos fomentando y manteniendo la fuente del problema. No queremos verlo. O no sabemos, porque de todo habrá.

Observo, no sé si con más tristeza que rabia, como hay personas, cada vez más jóvenes, que están literalmente (y patológicamente) enganchados al móvil, a las llamadas nuevas tecnologías. Sin ser conscientes del potencial peligro que tiene el mal uso de estas tecnologías, porque no vamos a negar que al fin y al cabo son herramientas de comunicación.
Pero aún así, también observo como la inconsciencia, alentada por esos medios e industrias, fomentan el uso indiscriminado de los mismos. Hay que convertir las posibilidades de mal uso y sus consecuencias,  en mínimas, hacerlas desaparecer por completo, para que el consumo del producto no pueda verse afectado. Por eso hay que hacer creer a la opinión pública que disponer de todas esas nuevas tecnologías, es lo moderno, lo imprescindible. Que casi no existe la vida sin esas tecnologías. Esa es la sutíl manipulación de las masas. Y es también esa la razón –o una de ellas- por las que todo cambia tan rápidamente. Aun no nos hemos familiarizado con un producto, cuando sale otro más avanzado al mercado. Y hala, a cambiarlo…
A mí personalmente, me parece una barbaridad y una inconsciencia total el darle a un niño de apenas 10 años un teléfono móvil de última generación. A un crío que apenas entiende lo que son las emociones ni por supuesto como manejarlas. Creo, sin exagerar, que le estamos proporcionando una peligrosa herramienta de auto-destrucción. Un medio en el que seguramente –es solo apariencia- se desenvuelva como pez en el agua. Pero es un agua envenenada, contaminada… Niños que manejan estas tecnologías como quien maneja una simple calculadora, pero que luego no saben relacionarse sanamente con el prójimo. Niños que no saben jugar. Niños que no han recibido educación emocional alguna…

Hace unos días, charlando con un amigo mío, que casualmente es Inspector Jefe de la Policía Nacional, especializado en temas de ciber-acoso y violencia de género, me comentaba que los padres no deberían proporcionales teléfonos móviles a menores de 12 años, bajo ninguna circunstancia, y a los menores de 16, que no dispusieran de internet o whatsapp en sus dispositivos, habida cuenta de los peligros reales que se están comprobando, algunos de ellos ya tipificados como delitos. Las repercusiones pueden ser muy serias y en ocasiones, por desgracia irreversibles.

Palabras como cyberbulling, sexting o grooming, nos pueden sonar como raras, extranjeras, pero son hechos que lamentablemente se están produciendo día a día en nuestras escuelas y tienen como punto común el uso –o mal uso- de las nuevas tecnologías de comunicación. El que un enorme porcentaje de menores dispongan de teléfonos móviles con internet, es la base para que estas peligrosas tendencias puedan proliferar sin freno alguno. La tontería de que el niño necesita un teléfono móvil para estar localizado, para una emergencia o, lo que me da la risa, para estudiar, queda evidente de que no es cierto. Bastaría con que, si fuera necesario de verdad, tuviera un terminal solo para llamar, sin internet. Es solo la excusa para justificar que se es incapaz de gestionar esta “necesidad imperiosa” de tener un móvil. De estar permanentemente enganchados al teléfono. Y da igual que se tenga solo 10 años.
Pero paradójicamente, los que parecen estar siempre equivocados, o exageran, o son anticuados, son precisamente las personas –como yo mismo- que alentamos de estos peligros potenciales, que la gente ‘dormida e ignorante’ no quiere ver, a pesar de que las evidencias y hechos están ahí, a la vista. Esta es mi ‘guerra particular’, por definirlo de alguna manera. Es mi lucha constante contra algo que sé no podré vencer nunca, pero que mi ideología y mi conciencia me empujan a enfrentar. Y no importa que me llamen de todo menos bonito, como dice el refrán. Sé que tengo razón. No necesito costosos estudios, ni eminentes científicos y psicólogos, ni jueces ni policías que lo confirmen y me puedan dar la razón. Es simple y pura visión clara. Es simple lógica conductual. Y contra eso solo cabe la demostración empírica de lo contrario. Y eso, por ahora no ha sucedido, ni creo que suceda…


miércoles, 13 de julio de 2016


Aquí y ahora…
               Ya desde muy pequeño, mi pasión por la naturaleza se hizo patente, al vivir y educarme en un país, Suiza,  donde el respeto por el entorno se enseña desde la más tierna infancia. En la escuela nos inculcaban la importancia de todos los ecosistemas, nuestra estrecha relación de interdependencia con la naturaleza y la imperante necesidad de cuidar de ella. Eso lo he vivido como algo elemental en mi educación, hasta el punto de entenderlo como algo normal. Lo que no era normal –y no acababa de comprender- era precisamente el no hacerlo, el maltratar sistematicamente la naturaleza, los animales y la vida no humana que nos rodea.
Así pues, cuando vi por primera vez como en nuestro país se maltrataba a un pobre perro porque sí, por pura diversión, sin que nadie dijera nada, pues fue un verdadero shock; Quería volverme a Suiza…
Siempre me ha gustado andar por esos campos, meterme en charcas de río, escalar riscos y colinas, revolcarme en la hierba y disfrutar de ese regalo que la vida nos ha brindado. Cada ocasión de tiempo libre que tenía, siempre buscaba la manera de escaparme al campo, al bosque, a explorar y sentirme libre. He sabido desde pequeño disfrutar de la brisa, de la sombra de los árboles, de la lluvia en verano, de sentarme a mirar las hormigas, de observar el paso de las nubes, de sentir la fuerza del relámpago y de fascinarme y refrescarme con el agua del arroyo o una fuente, siempre agradeciendo desde lo más profundo de mi ser. Recuerdo como verdaderos tesoros algunas experiencias en estrecha comunión con la naturaleza, de la que he recibido los más hermosos regalos.
Hace apenas unos días hemos realizado un recorrido por un río, en plan senderismo fácil para toda la familia y la experiencia me ha hecho reflexionar mucho. Sobre el tiempo. Sobre lo que hacemos con él y sobre las cosas importantes de la vida. Sufro desde hace años, una enfermedad crónica degenerativa, que si bien no es muy visible externamente, por dentro si que va haciendo estragos poco a poco. Hacía mucho tiempo que no tenía la ocasión de ir a hacer senderismo así que tenía mucha ilusión por poder retomar esa actividad. Pero, a pesar de que el recorrido era fácil y fantástico, mi salud me jugó una mala pasada, en parte por la deficiente preparación del material a llevar. Se me rompieron las zapatillas a medio camino y encima me quedé sin agua. El regreso –unos 6 km- se convirtió en una pesadilla. Casi sin poder andar por el dolor en los pies, deshidratado, con calambres y pequeñas pérdidas de conciencia, logré haciendo un esfuerzo increíble, llegar al coche, donde pude recuperarme. Estuve a punto de sufrir un infarto por la falta de liquidos, pero la fortaleza interna y el trabajo de la mente lograron traerme de regreso.
Toda exta experiencia me hizo pensar en el tiempo poco aprovechado en hacer las cosas que realmente me gustaban, como era ir al campo siempre que pudiera. Era un ejemplo real e inmediato de la filosofía del “aqui y ahora”, de saber vivir el momento presente, sin perderse en quehaceres inútiles y que no nos aportan nada.

Hay que salir fuera, tomar conciencia de nuestro ser, de nuestro entorno y de nuestra relación con el mismo. La vida es eso. Simple y natural. Nunca sabemos cuando puede ser la última vez que podamos dar un paso con los ojos abiertos…

viernes, 8 de julio de 2016

¿Evolucionar o involucionar?
Sin duda alguna muchos no sabrán de qué estoy hablando. Nada que ver con la evolución de las especies, aunque la raíz de lo que quiero comentar esté precisamente ahí.
Uno, en la vida cotidiana que te ha tocado vivir o has elegido, en parte ser partícipe de esa realidad, tiene la posibilidad de sentarse a pensar, a reflexionar sobre uno mismo y nuestra relación con la vida.
Y observo mi entorno, a mis congéneres y me pregunto muchas veces si es posible la parada en la evolución del ser humano. Es más, me pregunto si incluso es posible la involución, es decir, que andemos hacia atrás en lo recorrido como especie supuestamente inteligente y dominante. Y viendo muchas situaciones y actos del ser humano, creo sinceramente que sí es posible retroceder. De otra manera no se puede explicar cómo algunos individuos han retrocedido hasta la edad media en algunos aspectos.
El verano es sin duda, sobretodo en nuestra zona geográfica, un período de tiempo extraño, quizás atípico para el campo en el que nos desenvolvemos y que nos atañe, las aamm chinas…
Un tiempo en que supuestamente tenemos más tiempo libre, el clima es proclive a entrenar más y mejor, hay una luz espléndida y hay mayor disponibilidad de espacios. Pero paradójicamente, la gente entrena menos, algunos, los más jóvenes nada en absoluto. Abandonan la escuela durante un par de meses, a veces hasta tres, con las consecuentes consecuencias, que muchas veces no sabemos vislumbrar.
En muchas ocasiones, son realmente los padres los que, por un motivo u otro, dejan de traerlos a las clases. Incompatibilidad de horarios entre padres que trabajan y el excesivo tiempo libre de sus hijos, o en otros casos es por simple desgana, por la playa o el calor. No importa la excusa…
Creo sinceramente que las cosas están mal organizadas. En general tenemos mala organización de nuestro tiempo, de nuestras cosas, alterando el orden natural de importancia de las cosas. Lo que solemos llamar prioridades elementales de las cosas de la vida. Está todo realmente trastocado. Los valores que sustentan todas estas acciones, se ven así perdidos en esa bruma espesa de la laxitud y la desidia que supone perder el sentido real de las cosas. No saber reconocer su valor real.
¿Sabemos realmente lo que ocurre cuando decidimos irnos de compras con los niños, a un centro comercial, justo en horario de clases? ¿Sabemos lo que pasa cuando decidimos que el niño tiene que ‘descansar’ de las clases dos o tres meses? ¿Entendemos realmente las razones que nos impulsaron a inscribir a nuestro vástago en la escuela? ¿Somos realmente coherentes entre lo que pensamos, decimos y hacemos al respecto?... Pues parece ser que no mucho.
Todos somos más o menos conscientes de que las nuevas tecnologías facilitan el acceso a la información, y que la información es conocimiento –que no sabiduría- y que el conocimiento debería hacernos evolucionar hacia algo mejor -¿Felicidad quizás? ¿Coherencia?- en nuestras vidas. Pero mucho me temo, que esto no es así; Cada vez estamos peor, comprendemos menos y como consecuencia somos más ignorantes que antes –o quizás igual que antes- pero en ningún caso nos acercamos a lo que debería ser, que es un camino de evolución como seres humanos.
Nada parece tener consecuencias. Todo se hace de manera bastante superficial en muchos sentidos y cosas. Y si no se consiguen resultados –que es lo más probable- pues inventamos excusas o justificamos con el motivo que sea nuestra mediocridad. Y se establecen mecanismos sociales para reconocer eso como lo normal. Y así, en apariencia, no pasa nada.

El compromiso con la escuela –si es que existe realmente- se ve ninguneado completamente. Deja de tener valor alguno. Y cuando eso deja de tener valor, es como si dejamos de valorar lo que nos enseña el maestro. Deja de tener valor alguno el Kung-fu que se nos enseña y la clase se convierte en algo semejante a una clase de cualquier otra actividad. Y nos habremos perdido en el camino de las aamm chinas, de la enseñanza tradicional de valores que tanto van buscando algunos. Y cuando los encuentran, los pisotean sin miramiento alguno, pero siguen exigiendo una enseñanza de calidad…

miércoles, 13 de abril de 2016

Estructuras…
La respiración es lenta, pausada, profunda… La mirada centrada en un espacio indefinido, pero muy alerta y consciente. El cuerpo en calma y la mente centrada en estar alerta. El primer movimiento surge de la nada, en una trayectoria armoniosa, con una extraña suavidad y lentitud, pero visiblemente cargada de una intensa energía, como preparando algo. De pronto, otro movimiento estalla en el aire a la velocidad del relámpago, y el rostro apacible y tranquilo se transforma en otra expresión de furia y fuego. Otra cadena de movimientos muy vigorosos y tremendamente rápidos se sucede en todas direcciones, imprevisibles. Se percibe una intensa energía en el aire…
Cada golpe de mano, cada patada rasga con su velocidad el aire, buscando blancos imaginarios. Espacios de aparente calma se intercalan entre la vorágine de golpes. La mirada dirige la intención, el corazón. Ha comenzado la forma, Qixingquan…”
La ejecución de las formas de Shaolin, no son una mera acumulación de técnicas, más o menos vistosas que obedecen a patrones preestablecidos. El trabajo profundo que con ellas se desarrolla, va mucho más allá de esta idea simple. Los monjes budistas utilizan la práctica de las técnicas de las formas como medio para alcanzar su yo profundo, su interior, su unidad con el todo. Es pues, específicamente en Shaolin, una práctica propia del budismo de esta escuela, la que busca alcanzar estados de conciencia superiores.
Cuando vemos a un experto o un monje, realizar alguna de estas formas tradicionales, podemos apreciar que hay algo en lo profundo de cada gesto, de cada mirada. Algo que es quizás indefinible, que se escapa a los conceptos preestablecidos y que está fuera del espacio y tiempo. Cuando comprendemos esto y sabemos apreciarlo o diferenciarlo, nos será muy fácil distinguir a un deportista marcial de un artista marcial tradicional o un guerrero de Shaolin. Hay algo significativamente distinto que marca una diferencia. Hay una expresión y una estructura detrás de las formas tradicionales que es como un traje en el que ha de enfundarse el practicante y manifestar con sus acciones, la singularidad de esa forma. Así el Kung-fu sale de tus huesos, de tu corazón y tu mente y es expresado mediante las acciones corporales, o lo que denominamos técnicas del estilo.
Pero esto es en realidad el resultado de una práctica exhaustiva y prolongada de los Jibengong, las técnicas de base del estilo. Esto ocurre con el taolu Qixingquan, pero es igual para cualquier otra forma. Entendemos en Shaolin que la práctica realmente importante no es el desarrollo de la forma en sí, si no su trabajo de base, de repetición de los detalles, del sentido de cada movimiento. Luego se unen diferentes cadenas de movimientos, con características similares y ya tenemos una forma.
Es por ello que decimos que la acumulación de formas, no significa que tengas un gran conocimiento del estilo. Esas formas han de ir precedidas de un trabajo de estructura interna, de desarrollo de sus cualidades específicas a través de los Jibengong. De ahí que, coleccionar formas, no te hace poseedor de su profundo conocimiento. Solo sabrás formas, poco más. Formas sin estructura, que se parecen – a veces mucho- a las tradicionales.

Cuando no tienes un trabajo continuo y profundo del Jibengong detrás de las formas, tus movimientos y ejecución de la misma te delatarán. Hay algo de vacío en tus gestos, pues difícilmente puedes encontrar su esencia si no la has descubierto y practicado exhaustivamente. Solo así puede crecer en ti esa expresión, esos gestos que pueden pasar de la calma y la suavidad, a la tempestad y la explosividad. Solo así es Shaolin. Solo así es kung-fu…