lunes, 15 de abril de 2013

La inteligencia del futuro



            No hace mucho, en una conversación sobre la inteligencia de ciertos niños que algunos llaman ‘superdotados’, aporté mi opinión al respecto, que, como tantas veces aparte de polémica fue muy incomprendida.
            Se afirmaba por parte de los intervinientes de la charla que había muchos niños superdotados, que habría que tratar de ponerlos en clases aparte y potenciar su desarrollo para máximo aprovechamiento de esas supuestas cualidades del niño. Se enumeraban datos y supuestas pruebas que demostraban que esos niños realmente eran superdotados, pruebas que a mí no me lo parecían en absoluto. Para mi se trataba de otra cosa; era en muchos casos el ego y orgullo de algunos padres que quieren ver en sus retoños algo distinto, que les diferencie de los demás del ‘rebaño’. Un niño superdotado es aquél que con apenas 3 años toca el violín o el piano, habla tres idiomas, o es capaz de resolver complejos problemas matemáticos. Eso si son casos excepcionales...
            Mi tesis al respecto es que no se trata de que haya esos niños superdotados, que destacan sobre la media en sus clases, si no que en realidad esos niños son ‘normales’ -por definirlos de alguna manera- en comparación al rendimiento intelectual de la mayoría. Es decir; que estamos asistiendo a un ‘atontecimiento’ generalizado de las nuevas generaciones. Esos niños que destacan de los demás, solo se acercan a la media natural, mientras que la mayoría, acaba teniendo un rendimiento muy por debajo. Eso es lo que marca las diferencias que muchos pueden apreciar en sus hijos. Porque si les ponemos en situaciones de tener que resolver situaciones de todos tipo, se quedan muy por debajo de la capacidad de anteriores generaciones en resolver problemas. ¿Qué capacidad tienen estos niños de crear algo? Si se les da todo prácticamente hecho y no tienen que esforzarse por reflexionar sobre nada.
            Veo como ejemplo a un niño de 13 años que tiene que realizar un trabajo manual consistente en montar un pequeño circuito eléctrico sobre un tablero. Pues era incapaz de comprender nada de lo que estaba haciendo, sobretodo porque el tema no le interesaba en absoluto. Ni sentía la curiosidad que yo hubiera sentido por lo menos para saber cómo funcionaba eso y porqué. Su única aportación fue montarlo de la mejor manera que pudo y entregarlo en la escuela. Ni se tuvo que preocupar de buscar el material necesario, ni intentar comprender cómo hacerlo mejor, ni cómo funcionaba ni nada. ¿Qué ha aprendido este niño sobre electricidad? ¿Qué ha aprendido en realidad este niño?... nada. En mis tiempos, yo hubiera tenido que ir a la calle a buscar el material necesario, a buscarme la vida, entre otras cosas porque no tenía medios económicos. Hoy no; hoy se vende ya el circuito ya impreso con un kit de montaje…
            Y ejemplos así los hay a miles, todos los días en todos los sitios. A los niños no se les enseña ya a ser creativos, a tener curiosidad sobre el porqué y cómo de las cosas. Porque todo se lo damos hecho. Porque todo se lo compramos hecho y así tienen que hacer el mínimo esfuerzo en comprender nada. Es también, como no, la dinámica de los video-juegos, aquellos que algunos lumbreras se empeñan en afirmar que son educativos y muy instructivos para la mente de un niño (o de un adolescente o un adultos, que es lo mismo). ¿Que niño es capaz de, tras muchas horas de juego, discernir los límites de la realidad entre el juego y su entorno físico? Aunque suene tremendista, ya hay estudios que demuestran que esa división entre ambos 'mundos', para muchos queda ya muy borrosa.

            Creo sinceramente  y observando a la realidad humana, que nuestra especie está involucionando de alguna manera. Hemos creado una tremenda dependencia de todo lo tecnológico, hasta el punto de que ya no sabemos resolver ciertas cuestiones relacionadas con las emociones y los consecuentes problemas derivados. Hemos delegado tantas funciones en la tecnología, que en muchas ocasiones ya ni podemos ni sabemos tomar decisiones sobre aspectos banales de las cosas. Creo que hoy en día, si apareciera en nuestra sociedad cualquier personaje medianamente culto de las culturas antiguas, sería un fenómeno. Hemos perdido capacidad de memoria (según un importante y reciente estudio de la universidad de Harvard), capacidad de resolver problemas de reflexión y capacidad de análisis racional. Nos estamos haciendo más tontos…
 
            El comportamiento de cientos de miles de jóvenes no deja de darme la razón en muchas cosas. Cuando vemos en las noticias adolescentes haciendo ‘balconing’, o ‘trainsurf’ y payasadas similares, que luego cuelgan en internet para que todos lo puedan ver, pues me da cierta pena. Para mí, y con respeto por éstos, están acercándose al comportamiento animal de los monos. ¿Cuál es el objetivo de estos comportamientos autodestructivos –porque muchos acaban en accidentes graves- que no aportan nada? Aparte de que en el fondo creo que se trata de un comportamiento animal basado en el instinto de supervivencia, no creo que vaya acompañado de la más mínima racionalidad y coherencia. Porque inconscientemente lo hacen para llamar la atención, de mostrar lo fuertes y valientes que son, y eso de cara a la galería femenina muchas veces. (Ya sabemos que las chicas prefieren al ‘macho’ fuerte de la manada, que muchas veces creo que es también el más tonto, pero que despierta la atención y admiración de ellas). Muy pocas eligen a uno que destaque por ser muy inteligente o tener una mente brillante…
             No es difícil ver a cientos de jóvenes y adolescentes - que no generalizo en todos, ojo, que hay también muchos que son valiosos ejemplo de lo contrario- que no hacen nada en sus vidas. Ni trabajan, ni estudian, ni tienen expectativas de hacerlo en ningún momento y ni se preparan para ello. Asisten compulsivamente a fiestas y botellones como eso fuera el leitmotiv de sus vidas... y tratan de buscar justificaciones que no resistirían el más mínimo análisis racional. Las conductas agresivas e irrespetuosas con todos los demás, pero sobretodo contra todo lo que suponga cierta autoridad, parecen convertirse en una bandera de libertad...

            Tan solo hay que mirar un poco la calle… vemos cientos de personas en todo momento enfrascados en sus conversaciones con el teléfono, a través de llamadas, mensajes o cualquier otro método que día a día van surgiendo sin parar. Te puedes encontrar fácilmente en una conversación en un bar o restaurante, donde varios de los comensales están tecleando en sus dispositivos móviles. Echamos mano del teléfono cada dos por tres, para ver si hemos recibido un mensaje. Eso denota la necesidad de comunicación real que tiene el ser humano, pero que busca en sitios y en medios equivocados.

            Me he encontrado en una situación surrealista; en una sala de urgencias de un hospital, donde había 72 personas, 48 estaban enfrascadas en sus teléfonos móviles, hasta el punto de alguno que, al ser llamado contestó a la enfermera que esperara un momento…

Y si analizamos el contenido de los textos que se envían por estos medios, ya nos podemos echar las manos a la cabeza; pocos quedan ya que sepan escribir con propiedad, sin destrozar el léxico y la semántica de nuestro idioma. En alguna ocasión he recibido un mensaje de estos, que por supuesto me he negado a contestar, y que no lograba entender. Y es más; se justifica esta manera de comunicación en no sé que estudio que determina que en realidad no leemos todas las palabras enteras… Si seguimos así, en pocos años no solo no sabrán escribir –no digo ya bien-, si no que acabaremos no sabiendo ni hablar con propiedad. El uso correcto de las palabras se irá deteriorando progresivamente y nuestra comunicación se verá privada de esa riqueza expresiva y tan llena de matices que determinan en realidad el sentido o la intención profunda de una conversación.

            Pero a mí, todo esto me preocupa seriamente, pues no es más que la punta del iceberg que esconde un problema mucho mayor detrás, que es la actitud a la que nos conducen estas cosas. Estamos creando hábitos nefastos que serán difícilmente recuperables, sobretodo porque los acabamos justificando como logros del progreso de la humanidad.

martes, 9 de abril de 2013

Cuentos chinos

(transcripción de programa de Radio)

           Desde hace ya muchos años y con motivo de más de una docena de viajes a China, he tenido la ocasión de ir recopilando un gran número de cuentos espirituales y metáforas que los maestros utilizan para transmitirles enseñanzas a sus discípulos.
         Estos cuentos milenarios y por lo general anónimos han sido utilizados en muchas tradiciones orientales, tales como el Yoga, el budismo, el zen japonés, el taoísmo y otras. Son muy elocuentes y significativos, consiguiendo transmitir en pocas líneas mucho más que tratados completos de metafísica o filosofía. En este sentido, apuntan directamente al centro de nuestro ser, a la unión entre mente y corazón, a lo que llamamos ahora “inteligencia emocional”.
        Esconden detrás de las palabras, o en los espacios vacíos entre las mismas, la enseñanza de la experiencia que no puede ser explicada de otra manera. La enseñanza sin palabras a través de las palabras.
       Los maestros se sirven de ellos para ilustrar muy diferentes aspectos de las enseñanzas espirituales y también como instrumentos para desencadenar “destellos de conciencia” en la mente y consecuentemente una mayor y profunda comprensión de la realidad. Son cuentos que conectan formidablemente con todo tipo de personas, adogmáticos y que admiten distintos niveles de lecturas y comprensión.
     En nuestra cultura occidental, lamentablemente, como tantas otras cosas buenas, los Cuentacuentos populares se han perdido, o han quedado relegados a un ámbito individual y ocasional, donde el abuelo le cuenta cosas a sus nietos. Y eso cuando no se ve desplazado por las Playstation y otros juegos similares. Y tampoco me valen los “Cuentacuentos electrónicos”, pues éstos, obviamente no interactúan con el oyente y no pueden transmitir ninguna emoción.
        Recuerdo cuando en alguna ocasión, una alumna mía que se dedica profesionalmente a la animación de niños, les hacía un pequeño teatro de títeres a un grupo de ellos. Observaba casi con incredulidad las caras de asombro, los ojos como platos y la alegría de esos pequeños contemplando la pequeña obra. Estaban por completo inmersos en ese mundo de fantasía, de color y de enseñanzas ocultas. Y también me alegraba ver la enorme dedicación de esta chica a su trabajo, con verdadero entusiasmo, mucho talento y una entrega total. Era simplemente enriquecedor y enormemente educativo.
      Es una verdadera lástima que estas cosas tan hermosas se vayan perdiendo en las brumas de la memoria, tragados por la cada vez más acaparadora y alienante tecnología. Así pues, este programa va de alguna manera, dedicado a esta chica y a todos aquellos que se dedican a crear sonrisas con globos de colores.
       He pensado esta noche compartir contigo algunos de estos cuentos, que he apostillado con una reflexión propia sobre el mismo que servirá quizás de estímulo a tus propias reflexiones. El cuento se convierte de esta manera en un tema de reflexión consciente y lúcida, así como de meditación, es decir, en un magnífico soporte para desarrollar un tipo de comprensión más profunda e intuitiva y que colabora en la evolución y el despertar de tu consciencia.
          La mayoría de estos cuentos, como ya dije antes, proviene de la tradición budista china, y es pues, desde ese contexto filosófico en que se plantean, pero que debe y puede ser aplicado a nuestros quehaceres cotidianos.
         Seguramente todos nosotros encontraremos analogías en nuestras vidas cotidianas, que nos hagan recordar a ese maestro, o al discípulo, o alguno de los personajes de las historias y sus enigmáticas conversaciones. Y cuando identifiquemos esa extraña similitud con nuestra propia experiencia, se producirá un destello en tu mente y algo te hará reflexionar… disfruta de ello….

Programa de radio



Este texto que os dejo más abajo, es una transcripción de uno de los programas de radio que solía hacer en la emisora de Radio Estepona, un programa semanal de una hora de duración y que se llamaba "El espejo del alma"...

"Cuentos chinos"

Muy buenas noches queridos amigos escuchantes…
          Cada noche que nos reunimos de alguna manera en este espacio intermedio entre el lugar en que tu te encuentras y donde estoy yo, siento que se produce una profunda conexión. Lo hermoso de esto, es que aun desconociendo todo de ti, que me estás escuchando a ese otro lado, te siento como algo real. Y en esa sensación y emoción que nace siempre desde mi corazón, me siento aquí, delante de este micrófono, para compartir cosas contigo.
        Y esto me trae al recuerdo ciertos momentos compartidos con mi viejo maestro, allá perdidos en lo alto de una montaña de China. Momentos que quedaron grabados en la memoria, en cada poro de mi piel y en cada átomo de mi ser. Recuerdo con alegría esos momentos que me permitieron una vez más comunicarme con mi ser interior; recuperar respuestas a mis eternas preguntas, durante las largas sesiones de meditación. Respuestas que acudían a mí, desde no sé donde… y que de alguna manera eran empujadas a la luz de mi comprensión por comentarios de mis maestros. Estos comentarios, independientemente de la dificultad añadida del idioma chino, siempre ofrecían enseñanzas profundas, donde cada coma, cada silencio entre palabras tenía un significado revelador.
       Mi maestro me repetía, mientras se reía a carcajadas; “eso es porque tienes un buen receptor de radio…”
      Las enseñanzas eran transmitidas casi siempre en forma de cuentos y leyendas; en pequeñas parábolas budistas que señalaban una verdad escondida entre sus palabras. Verdades y enseñanzas que estaban precisamente en esos espacios vacíos entre las palabras, por lo que en realidad, nunca eran expresadas, sino que brotaban en tu propia mente como lo hace la fresca hierba en una pradera.
         Y es eso precisamente lo que ocurre en la comunicación que existe entre tu y yo, en este preciso instante. No son mis palabras las que hacen crecer las flores de tu entendimiento, sino los silencios que hay entre ellas, las que te permiten reflexionar, hacer tuyo mi pensamiento, analizarlo, estudiarlo, aceptarlo o no, pero hacerlo tuyo en definitiva. Es así como entiendo esta comunicación, como entiendo este programa que digo que es tuyo también. Por eso, y sin falsa modestia, creo que es enriquecedor y conduce a algo profundo y verdadero, muy alejado de la superficialidad de lo cotidiano.
          Así pues ‘sintoniza’ tu receptor del corazón… y trata de escuchar... lo que no te digo… lo que hay detrás de cada palabra, de cada silencio,… de cada emoción, de cada cuento, fábula o parábola. Al final, te parecerá que lo que has escuchado te es muy familiar, como que lo habías escuchado antes… claro que si… ya estaba en tu corazón, solo que lo has visto y oído reflejado aquí, en el espejo del alma, que es tu programa… bienvenidos todos… al camino del corazón a través de los cuentos budistas…

Budismo y Kung-fu


           A través del estudio de las teorías y conceptos del Kung-fu Shaolin, muy estrechamente vinculadas al pensamiento budista, he llegado a comprender la relación directa de las implicaciones físicas de las acciones, con el pensamiento y la comprensión de los conceptos profundos del budismo. Resulta asombroso ver y comprobar empíricamente, cómo el pensamiento y nuestra mente pueden influir en todas las acciones físicas del cuerpo.
            Cualquier técnica, sea del índole que sea, tiene una raíz profunda en la estructura de nuestra mente y es ahí, donde se gesta su eficacia o no. Esto es en realidad lo que hace tan diferentes a los monjes de la mayoría de otros artistas marciales –sin desmerecer éstos, claro-, pues son capaces de desarrollar habilidades asombrosas a los ojos de quienes entienden la acción separada del pensamiento.
            Ahora puedo comprender el por qué maestros como Shi De Jian o Shi Xing Hong son capaces de permanecer casi intocables en un combate, mientras parecen jugar con el tiempo y la distancia como un gato juega con el ratón. Esa extraña habilidad no nace solo del entrenamiento físico exhaustivo, que también tiene su relevancia, sino de una mente entrenada y lúcida, sin la dispersión habitual que los seres humanos solemos tener.

            Cuando estudias el funcionamiento de la mente, de las emociones y pensamientos, puedes determinar el origen de toda acción física y controlar o desarrollar respuestas motoras con mayor rapidez y precisión. Esto viene a ser en el cuerpo humano y la mente, lo que el Bosón de Higgs para los científicos de la física cuántica.

            Toda acción física (técnica) esta precedida o tiene su origen en la mente, que a su vez está inmersa en un estado de ánimo determinado, que va a determinar nuestra respuesta a ese estímulo sensorial. La información la podrá percibir a través de los cinco sentidos primarios o bien a través del sexto sentido (la mente) si éste ha sido entrenado también.
            En base a esa información recibida por los sentidos, nuestra mente la interpretará y tenderá a responder adecuadamente, pero no antes de pasar por los filtros de las emociones, que pueden condicionar esa misma respuesta hasta el punto de hacerla inútil o ineficaz.
            Hay pruebas científicas – testadas por la neuropsicología - que demuestran que nuestras reacciones emocionales y físicas – en estados normales- ocurren casi siempre en una fracción de los primeros 60 a 100 milisegundos después del estímulo recibido. Esa percepción recibida por nuestros sentidos, es en muchos casos conceptual y no real. Pero también se ha estudiado y comprobado cómo hay individuos capaces de responder sin pasar por ese filtro, por los mecanismos fisiológicos del cerebro, por lo que su respuesta es inmediata, siendo incluso capaces de anticiparse a la acción. Su respuesta –si se puede definir así- ocurre casi simultánea en el espacio tiempo que la misma acción. Eso ocurre porque esa respuesta ocurre o tiene lugar en un espacio vacío, que hace posible la existencia de la acción motora, sin la intervención de los pensamientos.
            Lo que se puede apreciar entonces, es que el individuo al que hemos lanzado un golpe, no está donde lo habíamos ubicado, sino en otro lugar diferente.

            Por lo tanto y resumiendo mucho, podemos afirmar que, el entrenamiento de la mente y la comprensión consecuente de su funcionamiento, determinará nuestra capacidad de respuesta. Por lo tanto trabajar la meditación en profundidad, que es la herramienta perfecta para lograr la comprensión adecuada- nos acercará a ser mejores en nuestro arte, desarrollando las habilidades específicas que son necesarias para evolucionar como artistas marciales y como personas.
            Lo que puede resultar paradójico es estudiar a fondo la mente,… para acabar no usándola en estas situaciones.

            A veces, es mejor sentarse durante veinte minutos y no hacer nada –en apariencia- que varias horas de duro entrenamiento físico. Comprobadlo y veréis lo difícil que es no hacer nada…

            Por otro lado, me pregunto si habrá alguna diferencia entre una situación en la que uno solo tiene una percepción visual, y otra en la que se produce un proceso de pensamiento e identificación, al mismo tiempo que se da cuenta de lo que está viendo.

            Otro ejemplo claro de la evolución de la mente a través del entrenamiento exhaustivo y profundo, es su capacidad de discernir situaciones con mucha claridad, actuando en consecuencia de forma inmediata. Cuando percibimos alguna acción o fenómeno externo, suele ponerse en marcha un proceso de análisis que determinará si esa acción es positiva, neutra o negativa y en base al resultado de eso, nuestra respuesta será de una manera u otra.
            Esa mente es capaz de analizar de forma inmediata y simultánea, un sinfín de parámetros acerca de ese fenómeno externo, cosa que nuestro cerebro necesitaría mucho proceso de pensamiento para lograr el mismo resultado.

            Pues bien, en mentes entrenadas, este proceso analítico es tan veloz que la respuesta es inmediata; Comprende casi al instante un fenómeno externo, sea de la naturaleza que sea y no hay espacio para la duda. En ocasiones, nuestra racionalidad se ve sorprendida por esta respuesta inmediata y tiende a desconfiar de su realidad, sin comprender muy bien el porqué sucede así. Algunos llaman a esto intuición…
            Por ejemplo; alguien habla contigo y te cuenta una situación determinada, que tu no has presenciado ni tienes noción previa alguna de ella. Casi al instante percibes y sabes con certeza que te está mintiendo, aunque no podrías explicar el porqué de esa conclusión. No podrás dar una explicación coherente y racional sobre el porqué y como has llegado a esa conclusión, pero sabes que es la realidad y de que no hay posibilidad de error. Nuestra mente sutil ha sido capaz de determinar casi al instante lo que es verdad y lo que no. De la misma manera determinará el valor real de cualquier circunstancia externa. Esto es una forma de iluminación, y ciertamente que puede asustar bastante esa certeza. Y asusta porque no tenemos confianza en nuestras capacidades y porque no sabemos ni comprenderlo, ni mucho menos explicarlo. Y todo lo que no podemos explicar racionalmente, no nos gusta que venga de nuestro interior.

            Pero esta capacidad de nuestra mente desarrollada, no la sitúa en el contexto de una mente dual, sino que se convierte poco a poco en una mente precisamente despojada de esa dualidad inconsciente que divide y separa las cosas y fenómenos. Somos así, capaces de ver las cosas tal y como son en su realidad más profunda, sin que los procesos habituales del pensamiento interfieran en el estado cognitivo del ser. La naturalidad se convierte desde ese momento en nuestro estado de ser y va moldeando nuestro carácter de forma positiva. La sonrisa interior, la del niño dormido, vuelve surgir con alegría y empezamos a vislumbrar el sentido sencillo de la felicidad.